Déjate de naming, que yo lo que necesito es un logo

Durante este breve periodo de tiempo que llevo de “emprendedora”, me he visto obligada a hacer de evangelista de la comunicación.  He tenido que predicar primero las enseñanzas que me han sido reveladas. Con absoluta fe y determinación. Sólo de este modo, he podido lograr la conversión de algún que otro cliente ateo. Hoy quiero hablar de la respuesta a una de las preguntas existenciales:

¿Qué es más importante: el naming o el logo?

Quizás para algunxs responder a esta cuestión es casi una herejía. Algo parecido a decidir ¿A quién quieres más: a papá o a mamá? – ¿Es que a ti nadie te ha enseñado que ese tipo de cosas no se pregunta? – Hago oídos sordos a tal apreciación y me levanto con paso firme. Déjenme sitio que voy a hablar. De pie, en mi púlpito, grito elevando los brazos: ¡¡¡EL NAMING. ES EL NAMING!!!

Haya paz, queridxs. Haya paz y también un poquito de silencio para que podamos meditar sobre esta cuestión. Alejémonos un poco de las elevadas cuestiones de la marca y volvamos a nuestro ser.

Factor de complejidad
  • Piensa en lo complicado (o no) que te resultaría cambiar de nombre y todo lo que supondría hacerlo. Tómate unos segundos…
  • Piensa en lo complicado (o no) que te resultaría cambiar de imagen y todo lo que supondría hacerlo. Unos segundos más de reflexión…

¿Te has dado cuenta?¿o no? Lo de cambiar de nombre es un auténtico lío de dimensiones apocalípticas. Sin embargo, cambiar de imagen es relativamente sencillo. Corte de pelo, extensiones, ponerse color, hacerse un piercing, hacerse un tatuaje (esto último piénsatelo bien no vaya a ser que te compliques tanto como con el cambio de nombre).

Factor de durabilidad

Tu nombre te acompaña toda la vida y tu imagen cambia para adaptarse a las tendencias, básicamente. ¿Cuál es el triunfo de las fotos digitales?  ¡Pues que no las revelamos! Así no tenemos que toparnos de morros con esas pintas que llevábamos hace diez años, mismamente. Qué para quitarnos las vergüenzas ya tenemos el archivo fotográfico familiar. Ay! Compadezco a aquellxs cuyos progenitores usan de ampliar y enmarcar las fotos de sus pequeños adultos a modo de muro de Facebook.

Precisamente porque el naming es algo pensado para perdurar, hay agencias de branding que cobran un pastizal por este trabajo. Pastizal bien merecido ya que marca y naming es un matrimonio de esos para toda la vida (o casi). En este sagrado sacramento también pueden suceder ciertos avatares que pueden ocasionar el divorcio:

  • Con la justicia hemos topado. Cuando alguna denominación choca con los sagrados textos legales. Como cuando se limitaron los adjetivos “eco” y “bio” para evitar su uso engañoso.
  • Motivos estratégicos. Por ejemplo, el cambio de la denonimación del yogur griego de Danone. En un principio, añadieron una nueva categoría de producto dentro de la gama del yogur. Pero a partir de su éxito, otras marcas introdujeron su “griego”. Fue entonces cuando Danone, hizo el cambio de nombre con el objetivo de lograr la diferenciación.
  • Motivos económicos. Alguien nos ha “comprado” o bien por una unificación de naming: como ha sucedido recientemente con Amazon prime.
Factor de imagen

El naming tiene un efecto inmediato en la imagen. Dicho así, puede resultar raro pero de nuevo es sencillo si volvemos a nuestro propio ser:

  • Hola, me llamo Susana (bueno, vale, ni frío ni calor)
  • Hola, me llamo Susi (ay! mírala que mona! no sé si quiere aparentar más joven o más ingenua)
  • Hola, me llamo Susanita (sí, lo sé, el resorte es inmediato: Susanita tiene un ratón, un ratón chiquitíiiiiiiiiiin y además, no te puedo tomar es serio si te me presentas así, niña!)
  • Hola, me llamo Su (¿Tú? No yo. Soy Su, ¿Su, qué?)
  • Hola, me llamo Sana (errr! factor sorpresa y sana, sana cultito de rana). Su-sana (jajaja! qué ingenio!)

¿Te das cuenta? Sólo por la elección de nuestro nombre, ya estamos evocando una cierta imagen mental en nuestro interlocutor.

Factor de coste

Confieso que en este punto, mi hilo argumental hace aguas. Aquí ya no me vale la metáfora personal. Porque cuando hablamos de humanos, el coste de imagen vs coste nombre, tenemos un importante desequilibrio contable. El cambio de naming tendrá un enorme impacto en el factor tiempo. El de imagen, sobre todo si pasas por el cuchillo, se dispara de un modo exponencial.

Pero el caso es que para las marcas, es válido. Y está muy ligado a este componente de complejidad que mencionaba al principio. Un naming mal elegido puede costar muy caro. Y no sólo a nivel económico (porque tengo que cambiarlo todo) sino también a nivel de imagen.

Factor de sentido común

¿Pero qué nos pasa? Parece que sólo contamos con el sentido la vista y despreciamos todo aquello que no nos entra por los ojos. Creo que nos estamos volviendo unos tullidos sensoriales. Y hablando de sentidos, mencionemos al sentido común.

  • Es importante que tu nombre sea diferenciador (sí, también en el caso de la marca personal). Si tienes uno bueno de serie, enhorabuena! Y si no, por qué no te atreves a cambiarlo?
  • Qué tenga una buena sonoridad y que sea fácil de entender ¿Tienes que estar deletreando tu naming? Mal asunto.
  • Debe ser atractivo.
  • Debe de ir acompañado, como todo buen trabajo, de una buena dosis de investigación para evitar meteduras de pata como esta:

Fotografía: By Michi1308 (Own work) [Public domain], via Wikimedia Commons

El poder de un naming: “emprendedor”

Al principio de mi artículo entrecomillé un ejemplo que para mí constituye uno de los mejores casos de éxito de un nombre. “Emprendedor”. Creo que una de las claves para fomentar el auto empleo ha sido este naming. Pero qué rollito cool te da! Qué aire más inspirador! Es más, te gusta tanto que lo defiendes hasta el final.

Estás haciendo un trámite administrativo cualquiera – ¿Está en activo o en situación de desempleo? En activo, en activo – ¿Por cuenta propia? Sí, sí, soy emprendedora- ¿Autónoma? No, no, emprendedora – El funcionario de turno golpetea impaciente el ratón con su  índice. Está deseando marcar de una vez la casilla correspondiente, pero tú te resistes – ¿Entonces tiene usted una SL? No, en realidad soy yo sola, emprendiendo – Ya… ¿Está dada de alta en el régimen RETA? – Qué listo! No puedes escapar a eso y marca, al fin, la casilla de autónomo.

Si es que ser autónomo y ser emprendedor no es lo mismo!! Ser autónomo es vivir en la precariedad, no llegar a fin de mes, ahogarte en gestiones y papeleos. Sin embargo, ser emprendedor. Ahh! eso otra cosa!! Es trabajar en lo que te gusta, ser tu propio jefe, abrir nuevas oportunidad, es el camino del éxito.

Y, yo: ¿He tenido éxito con mi exposición manipuladora? ¿Te he podido convencer de que es más importante el naming que el logo?