«El contenido es el rey». El mantra que define el modelo comunicativo de nuestros días es una frase de Bill Gates del año 1996. Según la calculadora de mi smartphone – sí, así de mal ando en cálculo mental – , la susodicha frase tiene ya 23 añazos. Esa clarividencia del señor Gates (junto con su probable habilidad para la aritmética) debe de ser uno de los motivos por el cual él suele ocupar el podium en la lista Forbes y no así el común de los mortales. El caso es que esta lección sobre la importancia del contenido debe de ser algo que nuestros queridos políticos ignoran, desconocen u obvian ¿Será que son un reflejo de nuestra sociedad? He aquí la pregunta con la que nos castigamos a menudo en un claro síntoma de maltrato sostenido e insostenible.

Sostengo firmemente que no tenemos a los políticos que nos merecemos. Hemos evolucionado mientras ellos siguen anclados en el más puro estatismo. He aquí mis pruebas irrefutables:

La microsegmentación.

Una de las grandes novedades políticas de los últimos tiempos. Un parlamento cada vez más fragmentado por la irrupción de nuevos partidos. – La lacra de la izquierda es la segmentación. -El problema que ahora tiene la derecha es la fragmentación del voto. Oigo a diestra y siniestra a analistas políticos hacer estas afirmaciones catastróficas sobre uno de los males de la democracia moderna. Por el contrario, para mí es un reflejo de madurez.  Si hacemos un paralelismo con el consumo, un consumidor exigente e informado es aquel que busca la máxima identificación con aquello que quiere comprar. Ya no le valen generalidades ni vaguedades. Exige y necesita mayor implicación: mensajes más cercanos a su sensibilidad y principios. Y si esto es así con las marcas ¿acaso no tiene aún más sentido que lo sea con la política?

El diálogo como exigencia.

Consecuencia de lo anterior, exigimos que los políticos lleguen a acuerdos: que la pluralidad de nuestro pensamiento se vea reflejada en ese lugar llamado parlamento (ojo al propio imperativo etimológico). No es admisible esas pataletas de con esos no me siento porque son los «malos» . Lo curioso es que sea cual sea el emisor, los malos siempre son «los otros». No vale eso de atribuirse la voz del pueblo porque en «el pueblo» hay barítonos, tenores, contraltos, … mientras que en nuestra «clase» política el registro que más abunda (lamentablemente) son los «soprano».

Yo sí que me autorizo a hablar ahora en nombre de la población mundial afirmando que desde el colegio nos hemos visto obligados a hacer trabajos con compañeros y as que no nos gustaban o que no eran nuestros amigos. Y en el entorno laboral ya ni te cuento. Y aún así, conscientes de nuestra responsabilidad y compromiso, nos reuníamos y quitábamos el trabajo adelante. Cualquier semejanza con la realidad política es pura coincidencia.

Esquemas comunicativos actuales, por favor.

Es obligado un poco de teoría rápida. La Unique Selling Propotion (USP) es una propuesta de un publicitario llamado Rooser Reeves que identificó los patrones de las campañas más exitosas (allá por los años 50). Se tratata de que el producto presentase claramente un beneficio que debiera de ser único (entendido como diferente de la competencia) y que además fuera lo suficientemente potente como para atraer al consumidor.  Este patrón (aunque empeorado) es el que usan la mayoría de los partidos: una única idea repetida. Idea (o pseudo idea), que ni siquiera beneficio para las personas. Y para empeorarlo más aún ni se molestan en tener en cuenta el factor de la adaptación del mensaje al soporte ni al medio (qué le den a la omnicanalidad y a todo lo que conlleva). Simplemente se dedican a torpedear el mismo ¿argumento? de igual forma, con las mismas palabras y repetido por los distintos personajes del partido de turno que aparezca en los medios de comunicación. El típico viejo baremo de la repetición. Se ve que no nos creen capaces de asimilar más de un concepto. Y cuando hacen un alarde de creatividad usando el recurso del storytelling, queda caricaturesco. En su obsesión por la repetición, se dedican a decir en un mitin tras otro que «justo ayer» me encontré a «persona x» que me contó «esta verosímil y emotiva historia basada en hechos reales o inventados por el equipo de campaña que tan bien resume mi USP».

Movilización por filia en vez de por fobia.

Lo que sí que manejan a la perfección nuestros políticos (señores todos los presidenciables, pero muy feministas eso sí) es el discurso de la polarización. Porque lo que saben es que no hay nada que una más que un enemigo en común. Y crear enemigos no es algo tan difícil. Basta con que a ambas partes les interese la guerra. Lo de votar a la contra o el voto de castigo es lo que ha explicado hasta nuestros días la alternancia de poder bipartidista. Y sigue funcionando. En el mundo de los likes y las valoraciones con estrellitas, nuestros líderes políticos no se acercan ni al aprobado. Vaya, que a nadie en su sano juicio se les ocurriría visitarlos si fueran un hotel en Trypadvisor.

Luego oiremos decir por enésima vez que el problema es que la gente no va a votar. Se podrían preguntar ustedes cuál es el motivo de esa apatía o si la propia acción de no ir a votar es también una declaración de intenciones. Hay muchos católicos que no creen en la iglesia como institución y aquí vamos también por el camino (de la amargura) de que la ideología se convierta en una cuestión de fe.

 

El parlamento, ese lugar que debiera de ser uno de los epicentros en la generación de contenido es simplemente un continente (o más bien un contenedor, entiéndase la intencionalidad) de personas que se dedican a mono-logar. En vez de darles votos va a haber que darles unos pocos de cacahuetes. A ver si así….

 

 

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